Exigen #justicia en el último adiós al #ingeniero #Tlaxiaqueño #Pablo #Osorio Sánchez
Ramón Ramírez Gutiérrez
Tlaxiaco, Oaxaca a 07 de Julio 2026. – En un ambiente de profunda consternación, dolor y un enérgico llamado a la justicia, familiares, amigos y defensores de derechos humanos se reunieron para dar el último adiós al joven ingeniero civil Pablo Osorio Sánchez, de 26 años de edad, originario de esta ciudad.
El emotivo homenaje póstumo e inhumación se convirtió en un escenario de denuncia pública contra la violencia, la impunidad y la desaparición forzada que aquejan al país. A las afueras del camposanto, el estridente sonido de los claxons y los motores acelerando se alzó como la queja ruidosa de un pueblo tradicionalmente callado ante las tragedias.
Durante el acto, el Licenciado Maurilio Santiago Reyes, defensor del Centro de Derechos Humanos y Asesoría a Pueblos Indígenas (CEDHAPI), pronunció un emotivo mensaje de despedida en representación de la familia.
Con profunda tristeza, se recordó la infancia de Pablo en la comunidad de El Vergelito, Tlaxiaco, donde creció trabajando el campo y jugando junto al río, lugar en el que, entre piedras y ramas, comenzó a edificar su sueño de construir puentes y convertirse en ingeniero civil. Su camino no fue sencillo; como el de muchos jóvenes, estuvo marcado por la lucha constante contra la adversidad para salir adelante y lograr titularse en el Instituto Tecnológico de Tlaxiaco, tras haber cursado sus estudios en el CBTis número 2.
El joven profesionista había trasladado sus metas al ámbito laboral, realizando su residencia profesional en la empresa Concordia en Puebla, para posteriormente ser enviado a Concordia, Sinaloa, con el firme deseo de construirle una casa a su madre, la señora Socorro Osorio Sánchez, y apoyar a sus hermanos, Mauricio y Jorge. Sin embargo, esos anhelos le fueron arrebatados de forma violenta por la criminalidad.
Ante la presencia de su madre, hermanos, tíos, primos, amigos y su novia—quien fuera la última persona en escuchar su voz a la distancia—, el defensor de derechos humanos sentenció que en México la búsqueda de superación para las clases vulnerables se ha tornado peligrosa, señalando de manera directa que las familias viven con el miedo constante de que sus hijos salgan a trabajar o estudiar y regresen en un ataúd.
A estas demandas se sumó el Licenciado Jorge Octavio Hernández Martínez, presidente municipal de Tlaxiaco, quien acudió como portavoz de Doña Socorro y sus hijos para externar un profundo agradecimiento a la ciudadanía por su solidaridad, apoyo y por haber compartido la información para la localización de «Pablito», como era llamado afectuosamente.
El edil reconoció públicamente el doble esfuerzo del joven, quien trabajaba arduamente de noche regando y cuidando animales para poder presentarse a las siete de la mañana en el Tecnológico a realizar sus exámenes.
“Pablo no murió, nos lo quitaron”, enfatizó el munícipe al condenar la cultura de violencia e indiferencia colectiva que impera en la nación. Asimismo, lamentó que en los últimos meses ha tenido la dolorosa tarea de despedir a tres jóvenes locales de la misma edad: una mujer víctima de feminicidio, un joven en un accidente de motocicleta y ahora a Pablo, víctima de este flagelo social.
Frente al féretro de quien también fuera un destacado futbolista local, responsable, honesto y trabajador, el alcalde lanzó una sentida convocatoria comunitaria para cumplir el noble deseo que llevó al ingeniero a Sinaloa. Hernández Martínez propuso que el pueblo de Tlaxiaco aporte arena, grava y cemento de manera conjunta para construirle la casa prometida a Doña Socorro, brindándole así un espacio digno donde honrar la memoria de su hijo.
Haciendo alusión a las sagradas escrituras respecto a haber «peleado la buena batalla y terminado la carrera», las autoridades locales y los activistas coincidieron en que Tlaxiaco no aceptará que Pablo sea tratado como una cifra más dentro de la estadística violenta del país, llamando a la unidad comunitaria para proteger el futuro de las nuevas generaciones.